Trece escritores mexicanos han proporcionado generosamente la lista de sus títulos favoritos de la literatura universal, que se encontrarán en un estante especial del Centro de Lectura Condesa, a disposición del público usuario, a partir del jueves 30 de noviembre.
Rubén Bonifaz Nuño, Emmanuel Carballo, Dolores Castro, José de la Colina, Elsa Cross, Alí Chumacero, Juan Gelman, Margo Glantz, Hugo Gutiérrez Vega, Vicente Leñero, Sergio Pitol y Elena Poniatowska han sugerido una serie de títulos que han encontrado entrañables y que han permanecido en su memoria a lo largo del tiempo como piezas fundamentales de su escritura.
La lista de obras que estos escritores mexicanos han elegido recorre distintas geografías y épocas: desde poemarios griegos, lecturas del Siglo de Oro español, ensayos filosóficos, poesía norteamericana y mexicana, hasta novela de la revolución y clásicos de la literatura policiaca. Se trata de 250 títulos, todos libros deleitosos que se integraron a estos escritores de manera intensa y prácticamente inmediata.
Completa esta lista la célebre Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges, cuya referencia es indispensable para cualquier lector en busca de recomendaciones.
El proyecto de las bibliotecas personales representa un estímulo al diálogo vivo entre escritores y lectores. Se trata de un proyecto que integra estos acervos para beneplácito de los lectores interesados en encontrar en la literatura un espacio imaginativo, amoroso y pleno de emociones.
Incremento del acervo del Centro de Lectura Condesa
El Centro de Lectura Condesa ha trabajado en el desarrollo de su acervo bibliográfico y ahora se han sumado 500 obras fundamentales de la literatura mexicana, latinoamericana, universal y clásica. Además, se han incluido los títulos de los escritores que han participado en las actividades del Centro desde que abriera sus puertas en abril hasta la fecha.
El Instituto Nacional de Bellas Artes, al crear el Centro de Lectura, apostó por que el público usuario encontrara dentro de sus instalaciones y actividades la asesoría y los libros necesarios para trazar sus propias rutas de lectura e identificar puntos de encuentro entre la literatura y su propia experiencia de vida. Tanto el espacio privilegiado, el acervo y los escritores que han ofrecido charlas y conferencias a lo largo de siete meses, han erigido un lugar de encuentro para quienes ven en la lectura un ejercicio necesario y gozoso.
El Centro propicia así que los lectores se constituyan como protagonistas de la literatura, capaces de interpretar las realidades de la ficción literaria. Las recomendaciones bibliográficas son revaloradas en toda su posibilidad expresiva a través de la conversación informada y del intercambio de impresiones.
Coordinación Nacional de Literatura INBA

Jorge Amado
Bioy Casares
Borges
Bryce Echenique
Cabrera Infante
García Márquez
Vargas Llosa
Daniel Mordzinski nació en Buenos Aires en 1960 y desde los 18 años trabajó en la industria cinematográfica de su país.
Desde finales de 2005 y durante 2006 expone en las Galerías Fotográficas Fnac 'El país de las palabras: retratos y palabras de escritores de América Latina, 1980-2005'.
Clubcultura

Mario Bellatin inventa permanentemente universos en los que sus lectores encuentran inquietantes guiños a realidades conocidas. Nacido en México en 1960, se crió en Perú. En nuestro país ha escrito sus libros más maduros.
¿Cuál es su idea del dolor?
Extrañamiento, la posibilidad de extrañarse de si mismo.
¿Cuál es su primer recuerdo doloroso?
No tengo recuerdos dolorosos.
¿Cuál ha sido su dolor más grande?
Que me hagan este cuestionario.
¿Qué dolor le desearía a un enemigo?
El que no sienta dolor.
Que dolor no desearía nunca a nadie?
El de verse a sí mismo.
¿Qué se aprende del dolor?
No se aprende.
¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No existe.
¿Su miedo más grande?
Sentir dolor.
¿El rasgo que más deplora de sí mismo?
No sentir dolor.
¿El rasgo que más le gusta en otras personas?
Que sientan dolor, como posibilidad de sentir.
¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento?
Publicar un libro.
La virtud más sobrevalorada es...
La humildad.
¿Qué es lo que más le disgusta de su apariencia?
Mi barba
¿Que es lo que más le gusta?
Mi no barba.
¿Cuáles son las frases o palabras que más usa?
Hay que vernos, ¿no?...
¿De qué es de lo que más se arrepiente?
De haber publicado un libro
¿Cuál considera que es su estado mental actual?
Confuso.
¿Cuál es su más preciada posesión?
Mi perro, creo.
¿Cuál considera que es la peor miseria?
La incapacidad de sentir
¿Cuál es la cualidad que más le gusta en un hombre?
La capacidad de abstracción
¿Y en una mujer?
La capacidad de no abstracción, de poner las cosas en la realidad.
¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
Ahora.
¿Cuándo miente?
Siempre.
¿Cuál es su paseo favorito?
Por el barrio chino en NY
¿Quién o qué ha sido el más grande amor de su vida?
Mi perro, creo.
¿Cuál es su idea de la muerte?
Negra.
¿Qué es lo que lo hace reír?
Casi todo.
¿Qué es lo que lo hace llorar?
También casi todo.
Su logro más grande...
Estar aquí contestándote este cuestionario.
puntog.com.mx
“Desde luego es mucho más relajante levantarse de la cama pensando: “vamos a ver qué quieren decir hoy las palabras (o la realidad)”, que meterse en la ducha con la idea de que uno tiene toda la responsabilidad de lo que sucede dentro de la cuartilla o en la calle”.
JUAN JOSÉ MILLÁS
Siempre es bueno tener una taza de café, o un vaso de whisky sobre la mesa, encender un cigarrillo sin filtro y devolver el humo sobre la hoja de papel que, ansiosa, espera ser acribillada por las teclas de la Rémington (obsequio de la abuela) o en muchos casos de la computadora. Y más aún mirar hacia la ventana y escuchar consejos del viento, quizás de los perros, qué sé yo.
El escritor argentino Federico Andahazi refiere en un artículo del diario La Nación: “las notas son hijas del estupor; de la extraña y escalofriante impresión que, de tanto en tanto, nos provoca el repetido descubrimiento de que la ficción está construida de misteriosos despojos, de fragmentos de memorias ajenas y, casi siempre, irreconocibles. Con frecuencia he sospechado que la literatura es invariablemente autoreferencial y que nosotros, autores, no hablamos de ninguna "realidad" exterior a la propia literatura”.
Lo importante es la primera línea y luego deslizarse en picada con las siguientes oraciones. No es válido mentir. Cuando uno es impostor en las letras automáticamente aparece el parapeto, entonces es conveniente recoger la bond, convertirla en una hermosa esfera puntiaguda y lanzarla al cesto de basura. Se recomienda tomar la taza del café y observar el reflejo de tu rostro en su interior, y así volver a la realidad.
William Burroughs dice que el escritor es un aparato de grabación. Y es así: uno observa y escucha. Retiene y transforma. Descifra, plasma y crea. Uno escribe siempre lo que se lleva dentro, y aquello que se ha escrito no puede olvidarse. No somos referente del lugar que habitamos, ni siquiera de la mesa en que nos encontramos esperado a que el subterráneo que se encuentra en la mente salga a la superficie, o mejor dicho, esperando la inspiración.
Por eso es bueno tener un lugar alejado del bullicio. Con la mente basta. Sentirse cobijado por una gran cantidad de libros, que con su estatismo provocan la envidia necesaria para emprender el viaje. Alguna vez Rubén Don, compañero de generación, y escritor, publicó su artículo “Un vicio exquisito” en la agencia literaria Librusa, esto definió (casi) mi percepción sobre los libros y la lectura.
Creo yo que a ciertas alturas los libros se vuelven una necesidad, a veces, incontrolable, pero siempre, es cierto, exquisita. La escritura es la perla oculta en la ostra. Se cuenta con una excelente edición, un escritor reconocido, pero la brillantez de la obra deberá ser juzgada por los ojos críticos del lector, o, en ciertos casos pasará inadvertida refugiándose en el olvido.
Cuando no se tiene un “detector de mierda interno” al escribir, como lo menciona Hemingway, es imposible proseguir con las letras pues se vuelve relator de un diario plano y sin gracia. El escritor debe tener un radar que detecte las imperfecciones propias. Escribir bien es escribir con sinceridad.
Un buen escritor, prosigue Hemingway, debe conocer las cosas tan cerca como le sea posible. Si no lo intenta, naturalmente no lo conseguirá. Cada libro escrito con sinceridad, contribuye al conocimiento total que queda a disposición del siguiente escritor; pero dicho escritor debe pagar, siempre, con cierto porcentaje nominal de experiencia para poder comprender y asimilar lo que está disponible como un derecho de nacimiento, y desde donde debe, en cambio, emprender su partida.
Mucha gente cree que escribir consiste en colocar una palabra detrás de otra. Desde esa concepción, las palabras permanecerían en la caja de herramientas hasta ser seleccionadas por el escritor con el gesto de cálculo con que el aficionado al bricolaje separa un tornillo de otro.
Comenzar a escribir es tomar de la mano al viento y dejarte guiar, siempre con las debidas precauciones. Algunos tropiezan con las fisuras del asfalto, otros son tan ligeros y se elevan, hay quienes deciden comprar un bastón o un lazarillo, y aun así la tierra sabia los espera.
Pero siempre existe un paraíso literario que nos satisface, o como diría John Cheever: nuestro lenguaje es tradicional y representa la acumulación de siglos de relaciones. A algunos les resulta sencillo depositar letras sin sentido y alardear de intelectuales. Basura.
Por eso, como Roberto Bolaño, no creo en el triunfo, sino en el tiempo. Termino estas líneas y comienzo otras. Dejaré a quienes quieran salvar al mundo; escucharé de la calle las respuestas a mis propias preguntas, arropado por la calidez de los libros y apagando mi quinto cigarro esperaré una vez más que la cafetera silbe.

La falta de calidad literaria entre las 42 obras inscritas, todas de escritores residentes en la República Mexicana, llevó al jurado a declarar desierto el quinto Premio Primera Novela UNAM-Alfaguara 2006. Por unanimidad, el jurado presidido por Daniel Sada e integrado por Anamari Gomís, David Martín del Ca mpo y Álvaro Enrigue, declaró desierto el galardón que desde 2002 otorga la Universidad Nacional Autónoma de México y editorial Alfaguara porque, según el fallo emitido el pasado 5 de diciembre, las novelas que se presentaron "no reúnen la calidad literaria necesaria para recibirlo". El Premio de Primera Novela UNAM-Alfaguara lleva cinco ediciones consecutivas -con ésta, dos emisiones declarado desierto-, consiste en la publicación de la obra en coedición por las dos instituciones convocantes y un monto de 100 mil pesos.